Esta visualización pretende conocer cómo mejorar duraderamente la calidad de vida rural, cómo incrementar productividad y competitividad, cómo conservar/recuperar el medio ambiente y los ámbitos rurales y asà entonces imaginamos que deberÃamos priorizar entre otras polÃticas de estado el incentivar y concientizar la mejor instalación/arraigo posible de los jóvenes agricultores, financiar promocionalmente la gestión, fertilización y valorización de tierras agrÃcolas y forestales desfavorecidas reconciliando ecologÃa con ruralidades.
Eso mismo demandará reestructuraciones, nuevos desarrollos e innovación lo cual supone diagnósticos y alianzas estratégicas, ejecuciones creativas y compromiso ecológico acentuando el desarrollo de los factores endógenos en cada zona o región, la creación y consolidación de trabajo asociado y/o remunerado, la diversificación por el impulso de la iniciativa privada mancomunada con instituciones locales mediante metodologÃas regionales, emprendimientos mixtos y cooperativos.
Serán necesarias entonces, inversiones privadas, públicas y combinatorias para entusiasmar producción, transformación y comercialización pero, también, complementaria y pertinentemente, multiplicar la actividad económica rural, lograr energÃas alternativas, formación de nuevos agentes económicos, diversificar el turismo, revelar artesanÃas y más.
Argentina tiene una oportunidad sin precedentes ante un esquema económico mundial con una inédita demanda alimentaria.
Por eso mismo ante tamaña realidad auspiciosa/promisoria, toda concertación e integración rural argentina con el mundo desde una posición con tantas oportunidades como hoy existen para nuestro paÃs, serán trascendentemente fecundas.
El horizonte pintado no deberÃa prescindir de un pensamiento organizativo más ético ni de responsabilidad social rural particularmente cuando asistimos a una crisis global, ahora mas focalizada en Europa aunque paradójica y persistentemente, también en segmentos sociales de nuestra patria donde según el último informe del barómetro para la deuda social de la universidad católica, el Ãndice de la pobreza alcanza un temible 22% pero el de la indigencia, se eleva inhumana y pavorosamente a un 6%.
Los guarismos de este reconocido y calificado servicio académico que monitorea periódicamente nuestro desarrollo humano y social argentino, más que preocuparnos puede servir para energizar nuestro desafÃo común tanto como su afrontamiento.
Respecto de esto último, la multifuncionalidad constituye un fuerte argumento y justificará todo apoyo a las ruralidades en general como a las agriculturas familiares en particular dado que puede germinar tanto en externalidades positivas como arraigar atractivamente la población o conservar el medio ambiente cuanto corregir externalidades negativas, esto es, la contaminación del suelo y las aguas o el impacto sobre la biodiversidad, entre otras.
Expuesto en apretada sÃntesis el momento presente, corresponde plantearnos las perspectivas del desarrollo rural.
Ninguna de ellas deberÃa prescindir de una elemental salvaguarda del territorio rural en sentido amplio, ofreciendo respuestas a nivel regional y local ante los nuevos retos del cambio climático, las bioenergÃas y los recursos hÃdricos.
Finalmente, todos los esfuerzos privados, estatales y mixtos deberán conformar actuaciones especÃficas y concretas orientadas hacia una agricultura orgánica duradera, al tiempo que los objetivos/propósitos sociales, rurales, industriales y ambientales del desarrollo humano se deberán incorporar con carácter transversal en cualquier actividad o intervención efectiva de las polÃticas públicas en toda ruralidad sin omitir que, no obstante rimbombantes anuncios oficiales, la cotización internacional de la soja en tanto dato rural central prevaleciente, denuncia como vimos, mucho más que una persistente postergación del valor agregado local/regional e industrialización, negándonos simultánea y absurdamente sus propias derivaciones positivas como –por citar algunas-, nuevos puestos de trabajo genuino, más y mejores usos/consumos, adelanto, progreso y bienestar general.
Esto sà que por sà mismo, merece su declaración de interés público nacional.